LA LEYENDA DEL HIMALAYA
En tiempos remotos, hubo un hombre
al que le llamaban “el doctor”. Vivía en
los alrededores del Himalaya, en una
caseta, dentro de un bosque frondoso; por el cual pasaba un riachuelo lleno de preciosos
peces. A aquel hombre no le gustaba socializarse con la gente e iba mal
vestido, ya que no podía ir a la ciudad a causa de su trastorno.
Un día, el doctor caminaba escuchando
el cantar de los pájaros, cuando de repente, una figura de casi dos metros y
medio se colocó enfrente suyo, quitándole los calientes rayos de sol.
¡Aquella
bestia era enorme! La antigua leyenda decía que se llamaba Vorín y era el rey
de los bosques. Su cabello no dejaba distinguir su rostro. Lo que daba más
miedo de él, eran los tremendos rugidos
que daba, capaces de escucharse a tres kilómetros a la redonda.
Cuando
el doctor volvió a su cabaña, un deseo de volver a encontrarse con él creció en
su interior y cada vez fue a más. Entonces, se propuso un reto: buscar, encontrar
e interactuar con Vorín. Ahí comenzó su aventura entre los bosques del
Himalaya.
Al
día siguiente, cogió la cantimplora que se encontró por el camino de vuelta, la
rellenó con agua y emprendió la marcha.
Ya
en el camino, el doctor se preguntaba por qué le había tocado a él encontrarse
con la bestia e incluso se planteó dar marcha atrás, pero su ansia por volverse
a encontrar con Vorín era inimaginable. Cuando iba recorriendo los bosques uno
a uno, varias liebres, lobos y gatos salvajes se cruzaron por su camino, pero
al enseñarles los dientes y alzarse por encima de ellos retándoles, salieron corriendo como alma que lleva el
diablo.
Después de un par de horas de recorrido, se acomodó en una piedra y
bebió un trago de agua, lo más mínimo, ya que tenía miedo a que se terminara
pronto. Debido al hambre, arrancó una planta y empezó a comerse las raíces.
También cogió una piedra bastante afilada y la froto con una planta, provocando
que saliera savia. Estas fueron sus principales fuentes de alimentos. Pero… ¿y
de líquidos? No tenía otra opción que rellenar la cantimplora con agua de lluvia.
El doctor ya sabía que no era cien por cien potable pero no tenía otro remedio.
Ya en
las últimas horas de sol de ese mismo día, cogió dos piedras, las frotó, e hizo
que las chispas cayeran sobre excrementos secos, ya que era lo único que
encontró para prender. Así hizo la fogata para ahuyentar a los depredadores que
vivían a nivel del suelo o superior. También se hizo una hamaca con varias
cañas de bambú que encontró cerca de un río.
Cuando
se despertó, vislumbró una figura alta, ¡era Vorín! Aunque nada más levantarse de
la cama le provocó un gran mareo, siguió a su objetivo. Cada vez que daba un
paso, Vorín seguía a la misma distancia que segundos atrás. Entonces se dio
cuenta que esa figura era fruto de su imaginación, debido a que tenía muchas
ganas de verle.
Varios días más tarde, las posibilidades
de encontrarse con Vorín eran escasas ya que aquellos bosques eran inmensos. El
doctor siguió con sus imaginaciones pero nunca se dió por vencido. Parecía
un nómada porque se trasladaba de un
lugar a otro haciendo muchos kilómetros. Pero cuando se le olvidó la
cantimplora en la cueva en la que había dormido la última noche y regresó a
buscarla, se encontró con Vorín. Estaba seguro que no era otra de sus
alucinaciones porque los rasgos coincidían con los de la primera vez que le
vió.
Cuando entró, se topó con él,
Vorín retrocedió y se quedó asustado y sorprendido, ninguno de los dos sabía lo
que hacer. Aquel monstruo hizo un sonido extravagante. El doctor pensó que era
una llamada de socorro y decidió escapar. Pero antes de que pudiera dar un
paso, ya había muchos como Vorín bloqueándole la única salida. Segundos más
tarde, todos se le abalanzaron encima y nadie, ningún sherpa ni ningún turista
volvió a ver al doctor. Muchos piensan que su ansia por ver a Vorín le mató.
Otros, que quizá, todos los de la especie de Vorín que acudieron a la llamada
de rescate, se lo comieron como un aperitivo.
Pero de lo que estoy seguro es de
que yo ví a Vorín. El doctor no estaba
loco, ¡era verdad! Vorín existía. Pero aquella vez Vorín no estaba sólo, estaba
acompañado por una persona, de menor estatura e iba mal vestido. Ahora que me
lo preguntó… ¿podría ser el doctor?
FIN
Me ha encantado la historia y sobre todo el final. Sin duda se lo ha currado.
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