domingo, 2 de junio de 2013

"La leyenda del Himalaya" Javier P.

Este cuento lo ha escrito Javier de manera voluntaria. Se acaba de ganar mi enhorabuena y un FENOMENAL!!!!


            LA LEYENDA DEL HIMALAYA

    En tiempos remotos, hubo un hombre al que le llamaban “el doctor”.  Vivía en los alrededores del Himalaya, en  una caseta, dentro de un bosque frondoso; por el cual pasaba un riachuelo lleno de preciosos peces. A aquel hombre no le gustaba socializarse con la gente e iba mal vestido, ya que no podía ir a la ciudad a causa de su trastorno.
                      Un día, el doctor caminaba escuchando el cantar de los pájaros, cuando de repente, una figura de casi dos metros y medio se colocó enfrente suyo, quitándole los calientes rayos de sol.
                    ¡Aquella bestia era enorme! La antigua leyenda decía que se llamaba Vorín y era el rey de los bosques. Su cabello no dejaba distinguir su rostro. Lo que daba más miedo de él,  eran los tremendos rugidos que daba, capaces de escucharse a tres kilómetros a la redonda.
                    Cuando el doctor volvió a su cabaña, un deseo de volver a encontrarse con él creció en su interior y cada vez fue a más. Entonces, se propuso un reto: buscar, encontrar e interactuar con Vorín. Ahí comenzó su aventura entre los bosques del Himalaya.
                    Al día siguiente, cogió la cantimplora que se encontró por el camino de vuelta, la rellenó con agua y emprendió la marcha.
                  Ya en el camino, el doctor se preguntaba por qué le había tocado a él encontrarse con la bestia e incluso se planteó dar marcha atrás, pero su ansia por volverse a encontrar con Vorín era inimaginable. Cuando iba recorriendo los bosques uno a uno, varias liebres, lobos y gatos salvajes se cruzaron por su camino, pero al enseñarles los dientes y alzarse por encima de ellos retándoles,  salieron corriendo como alma que lleva el diablo.
                 Después de un par de horas de recorrido, se acomodó en una piedra y bebió un trago de agua, lo más mínimo, ya que tenía miedo a que se terminara pronto. Debido al hambre, arrancó una planta y empezó a comerse las raíces. También cogió una piedra bastante afilada y la froto con una planta, provocando que saliera savia. Estas fueron sus principales fuentes de alimentos. Pero… ¿y de líquidos? No tenía otra opción que rellenar la cantimplora con agua de lluvia. El doctor ya sabía que no era cien por cien potable pero no tenía otro remedio.
                Ya en las últimas horas de sol de ese mismo día, cogió dos piedras, las frotó, e hizo que las chispas cayeran sobre excrementos secos, ya que era lo único que encontró para prender. Así hizo la fogata para ahuyentar a los depredadores que vivían a nivel del suelo o superior. También se hizo una hamaca con varias cañas de bambú que encontró cerca de un río.
              Cuando se despertó, vislumbró una figura alta, ¡era Vorín! Aunque nada más levantarse de la cama le provocó un gran mareo, siguió a su objetivo. Cada vez que daba un paso, Vorín seguía a la misma distancia que segundos atrás. Entonces se dio cuenta que esa figura era fruto de su imaginación, debido a que tenía muchas ganas de verle.
 
             Varios días más tarde, las posibilidades de encontrarse con Vorín eran escasas ya que aquellos bosques eran inmensos. El doctor siguió con sus imaginaciones pero nunca se dió por vencido. Parecía un  nómada porque se trasladaba de un lugar a otro haciendo muchos kilómetros. Pero cuando se le olvidó la cantimplora en la cueva en la que había dormido la última noche y regresó a buscarla, se encontró con Vorín. Estaba seguro que no era otra de sus alucinaciones porque los rasgos coincidían con los de la primera vez que le vió.
Cuando entró, se topó con él, Vorín retrocedió y se quedó asustado y sorprendido, ninguno de los dos sabía lo que hacer. Aquel monstruo hizo un sonido extravagante. El doctor pensó que era una llamada de socorro y decidió escapar. Pero antes de que pudiera dar un paso, ya había muchos como Vorín bloqueándole la única salida. Segundos más tarde, todos se le abalanzaron encima y nadie, ningún sherpa ni ningún turista volvió a ver al doctor. Muchos piensan que su ansia por ver a Vorín le mató. Otros, que quizá, todos los de la especie de Vorín que acudieron a la llamada de rescate, se lo comieron como un aperitivo.
Pero de lo que estoy seguro es de que yo ví a Vorín. El doctor  no estaba loco, ¡era verdad! Vorín existía. Pero aquella vez Vorín no estaba sólo, estaba acompañado por una persona, de menor estatura e iba mal vestido. Ahora que me lo preguntó… ¿podría ser el doctor?
 
                                                      FIN

1 comentario:

  1. Me ha encantado la historia y sobre todo el final. Sin duda se lo ha currado.

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